martes, 14 de septiembre de 2010

Oda a las azafatas

Mi admiración hacia los azafatos y azafatas de avión no tiene límites. Tanto es así que creo que sencillamente ellos pertenecen a un planeta muy diferente del mío, se me representan en mi mente como seres superiores, del tipo de aquellos alienígenas que aparecen en la película "Encuentros en la tercera fase".

Y os diré porque estas extrañas criaturas merecen todo mi respeto y admiración. La explicación es muy sencilla, hasta incluso creo que muchos de los que leáis estas palabras estaréis en mi misma posición, y la defenderéis también allá donde vayáis, sea en avión o no.

Cada vez que tomo mi asiento en el avión, sobretodo si es de esas compañías baratas tipo ‘ryanair’ y ‘easyjet’ empieza mi lista de elogios hacia estos individuos llamados azafatos y azafatas. Primero, por sus imborrables y estáticas sonrisas en sus rostros. Son de los más educado: Te dan las buenas tardes o buenas noches en el idioma que sea, te ofrecen caramelos, te abren las luces de lectura si hace falta. Son todo atención. A parte de ser seres extremadamente complacientes tienen excelentes dotes para la actuación. Cuando empiezan a mover las manos para delante y para atrás al son de una voz en off (y además, en varios idiomas) que indica donde están las salidas en caso de evacuación, su trabajo merece todos mis respetos, aunque mucha gente no les preste demasiada atención. Incluso merecen doble respeto, ya que escenificar una escena del tipo dramático como la que representan y además con una sonrisa en sus rostros me parece algo muy difícil. Esto sí que es el puro ejemplo de "al mal tiempo buena cara".Hay mucho que aprender de ellos en este sentido.

Otra de las innumerables virtudes que para mí tienen estos individuos es su equilibrio y entereza a la hora de sortear obstáculos físicos de todo tipo. Su júbilo no desaparece ni un momento de sus expresiones, ni aunque el carrito repleto de bebidas y de sándwiches se mueva violentamente a causa de una turbulencia o de cualquier otro fenómeno que deseo desconocer. Ellos siempre conservan la entereza sean cuales sean las circunstancias en el interior de estas máquinas que uno no sabe cómo, pero que pueden volar.

Y el mérito de estos personajes no tiene fronteras, porque es cada día - ¡y varias veces en una jornada!- que realizan tal proeza. Mi admiración hacia ellos no tiene límites.


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